Con goteras en el alma,
anuncio de fuertes lluvias
y los ojos apretados
evitando que las lágrimas fluyan.
Te tomas otra pastilla
de control anestesiado
para dar tranquilidad
al cerebro que no siento.
Química para intentar atar
huracán de sentimientos
y soportar los reproches
que yo mismo clavo en mi pecho.
Frustración.
Hastío.
Dolor.
Vacío.
Carrusel de pensamientos,
buscando en qué me equivoqué:
idea, procedimiento,
hechos, dichos o momentos...
Desde que nació
y aún antes
cuando era solo sueños.
Lo he tenido que hacer mal
intentando hacer perfecto.
Pero en un punto,
No sé, ni supe, ni se saberlo.
Pena de libre albedrío.
Mísera conciencia y razón.
Tanta carga y tanto peso.
Tormenta que sigue cayendo
con el silencio callado
y las goteras de alma
encharcando el corazón.
Queremos volar a la luz y nos perdemos en las sombras. Queremos el libre albedrío y nos ceñimos al instinto. Creemos que el raciocinio nos hace tal como somos y somos esclavitud, esclavos de nuestros miedos, nuestros programas genéticos, nuestros deseos y gozos.
Queremos la libertad y un torbellino de realidad nos deja pegados al lodo. Creemos ser hijos únicos y somos tan parecidos como los granos de arena que mueren uno tras otro.
Ahora que ya somos prisa, prisa presa de la prosa, que la rima te esclaviza y te aparta del ahora. Vivimos solo el presente repetido de la historia, un presente que te ahoga, que te distrae en espejismos y que al vacío te aboca.
Los sentidos nos engañan y hacen del tiempo rutina, diluido en la tormenta de ciclos de infinitas olas, que rompen una tras otra, prosaica sucesión de terrenales eventos en que perdemos el tiempo, satisfaciendo deseos que dejan insatisfechos y preguntando a la nada si esto puede ser todo.
Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor; sino yo, triste, cuitado, que vivo en esta prisión; que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba el albor. Matómela un ballestero. ¡Déle Dios mal galardón!
AUDIO ROMANCE DEL PRISIONERO
Es una poesía anónima de la edad media, que aprendí en literatura de EGB y ya ha llovido… Me «cautivó» por su simplicidad, ternura y belleza y la suelo recitar con cierta frecuencia, para ejercitar la memoria.
Insisto en mi profunda admiración por el gran Jorge Luis Borges y además en el caso del poema que incluyo a continuación, une de manera perfecta poesía y ajedrez en una metáfora de la vida que es filosofía y pensamiento. Si no lo conoces, es pecado no leerlo y si ya lo conoces, seguro que disfrutaras otra vez con el.
AJEDREZ
I
En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?
Reconozco mi profunda admiración por el gran Jorge Luis Borges y me gustaría incluir un poema suyo, que me parece genial. Si alguien no ha tenido la suerte de leerlo, no debe desperdiciar esta oportunidad.
EL RELOJ DE ARENA
Está bien que se mida con la dura Sombra que una columna en el estío Arroja o con el agua de aquel río En que Heráclito vio nuestra locura
El tiempo, ya que al tiempo y al destino Se parecen los dos: la imponderable Sombra diurna y el curso irrevocable Del agua que prosigue su camino.
Está bien, pero el tiempo en los desiertos Otra substancia halló, suave y pesada, Que parece haber sido imaginada Para medir el tiempo de los muertos.
Surge así el alegórico instrumento De los grabados de los diccionarios, La pieza que los grises anticuarios Relegarán al mundo ceniciento
Del alfil desparejo, de la espada Inerme, del borroso telescopio, Del sándalo mordido por el opio Del polvo, del azar y de la nada.
¿Quién no se ha demorado ante el severo Y tétrico instrumento que acompaña En la diestra del dios a la guadaña Y cuyas líneas repitió Durero?
Por el ápice abierto el cono inverso Deja caer la cautelosa arena, Oro gradual que se desprende y llena El cóncavo cristal de su universo.
Hay un agrado en observar la arcana Arena que resbala y que declina Y, a punto de caer, se arremolina Con una prisa que es del todo humana.
La arena de los ciclos es la misma E infinita es la historia de la arena; Así, bajo tus dichas o tu pena, La invulnerable eternidad se abisma.
No se detiene nunca la caída Yo me desangro, no el cristal. El rito De decantar la arena es infinito Y con la arena se nos va la vida.
En los minutos de la arena creo Sentir el tiempo cósmico: la historia Que encierra en sus espejos la memoria O que ha disuelto el mágico Leteo.
El pilar de humo y el pilar de fuego, Cartago y Roma y su apretada guerra, Simón Mago, los siete pies de tierra Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Todo lo arrastra y pierde este incansable Hilo sutil de arena numerosa. No he de salvarme yo, fortuita cosa De tiempo, que es materia deleznable.
Jorge Luis Borges
AUDIO EL RELOJ DE ARENA
Siempre me han gustado los relojes de arena y había jugado mentalmente con la metáfora de ir perdiendo tiempo y vida con la caída de la arena, pero como lo expresa el maestro Borges es sublime.
Abofetea nuestra conciencia con verdades profundamente arraigadas en nuestro subconsciente, haciéndonos conscientes de ellas y permitiéndonos compartir su sabiduría.
¡Gracias Borges! por enfrentarnos a los espejos, al tiempo, a la vida y a la muerte, al vacío y al inevitable posterior olvido…
Yo,que no era nada ayer me erijo ahora en el centro, aupado en mi consciencia, midiendo los confines de absurdas pertenencias.
Yo, que no era nada ayer hoy juego a ser ombligo, invento la moral, la lógica, el destino y creo adivinar basado en la experiencia razones y sentidos que enmarco como esquemas.
Yo, que no era nada ayer, y acaso soy el mismo, pretendo comprender sumido en mi demencia, el cómo y el porque de todo el universo.
Yo, no era nada ayer, pero ahora soy, existo dudo de la ley y caigo en el abismo, que rompe la razón y agota los instintos, queriendo responder a ser, con seguir siendo y a ayer, con infinito.
Yo era feliz ayer, lo era sin saberlo, y en busca del saber me ahogo en mis complejos.
Tictac… Rutina. Hoy y ayer confundidos en un próximo futuro: así es la vida.
Tictac, vacío. Sin nada con que llenar las horas estériles, rotas y sin sentido.
Tictac, silencio. Tictac como único ruido. Mudo aliento sin saliva, vago eco de un graznido, que sentencia nuestras vidas a luchar contra el destino.
Tictac y el miedo como mayor enemigo a perder ese tictac y caer en el abismo, a la negra obscuridad, a perder el yo querido y quedarse sin rutina, sin horas y sin silencio, a ser solamente tiempo.
Tictac de la eternidad, tan viejo como el principio. Si existe la perfección, o existe con tu permiso o sois los dos uno mismo, uña y carne de ese ser que es uno y otro ciclo, que es lo único que es: bien, energía, universo, nirvana, dios, el arjé… Símbolos, abstracción, conceptos de la razón la duda y el pensamiento. Caminos de la verdad…